Cicatriz en la intervención de otoplastia

La otoplastia es la cirugía estética destinada a corregir el problema en las orejas cuando son demasiado prominentes, lo que habitualmente se conoce como orejas de soplillo. Mediante una sencilla intervención, se recoloca y modela el cartílago para situarlo en una posición más natural, logrando que el paciente gane en confianza y seguridad, y evitando que pueda sufrir problemas emocionales serios derivados de la malformación.

¿Cuál es el procedimiento de la operación?

La operación es relativamente sencilla, utilizando los propios pliegues de la piel para evitar que la cicatriz resultante sea visible. Se realiza una incisión por detrás de la oreja, a través de la cual el cirujano modifica el cartílago para que se pliegue en los sitios adecuados. Posteriormente, se reduce la profundidad de la concha y se retira la piel sobrante.

La operación se realiza habitualmente con anestesia local más sedación, de modo que no es necesario el ingreso hospitalario. La duración es aproximadamente de una hora, quedándose el paciente otra hora en la clínica ambulatoria para garantizar su recuperación completa. Solo en casos de niños muy pequeños o en casos de anomalías físicas extremas, será necesario utilizar anestesia general.

El paciente debe llevar un vendaje durante algunos días, de modo que la oreja se quede y cure en su posición final. Una vez retirados los puntos, el vendaje se cambia por una cinta que se utiliza durante un mes únicamente por la noche, evitando posibles problemas al doblarse la oreja durante el sueño.

Opciones sin cirugía

Si a pesar de todas las ventajas de la intervención, el proceso no termina de convencerte, existen opciones de otoplastia sin cirugía, a través de las cuales se logra también la mejora estética del problema de las orejas de soplillo, y que no dejarán ninguna marca externa. Como por ejemplo la técnica de hilos de sutura o el novedoso procedimiento Earfold, por el que se coloca un dispositivo que consigue corregir el problema sin cirugía.

Cicatrices discretas

La vía de acceso para realizar esta operación se encuentra en la parte trasera de la oreja. Esto permite que la cicatriz resultante de la intervención sea prácticamente invisible. Especialmente cuando se alcanza el periodo total de recuperación, que suele ser de un año, y cuando las manos del cirujano son las de un auténtico profesional.

El resultado de la operación es permanente, siendo necesarios los retoques en los casos más excepcionales. Es una intervención que no suele tener complicaciones, reduciéndose el postoperatorio a la toma de analgésicos y cuidados de higiene.

Las cicatrices que aparecen tras la cirugía permanecerán rojizas durante unos seis meses, momento en el que comenzarán a notarse más claras y se disimularán casi por completo. Únicamente se recomienda proteger la oreja del sol durante los dos primeros meses para evitar la hiperpigmentación y para que la cicatrización sea la correcta.

Es un proceso seguro, que garantiza los mejores resultados y que no cuenta con contraindicaciones. Lo único visible una vez pasado el postoperatorio, será cómo mejora tu aspecto y tu calidad de vida.